Cuando me pongo a pensar en mi vida, lo hago como si fuera todo lo transcurrido y caminado por una senda.
Mi camino empieza bastante bien, a medida que voy andando veo como todo está lleno de florecillas de colores que desprenden sus aromas mezclándose con la brisa que corre, está completamente verde, hay vida, paz, alegría, en definitiva hay felicidad. En algún momento del camino, veo una pradera inmensa. Me paro a descansar y allí perduro un largo tiempo tumbada, feliz, notando como los rayos del sol penetran en mi piel.
Pero un día te das cuenta que tienes que seguir caminando, así que te levantas, lo haces, pero te percatas de que el camino ya no es tan verde, los arboles empiezan a marchitar, el suelo está cubierto de una alfombra marrón rojiza y amarilla, compuesta por las hojas secas que han caido. Sigues la vereda, aunque esta vez es un poco más pedregosa, supongo que esto simboliza los problemas que te vas encontrando en tu vida cotidiana, pero aun así caminas sin parar, pensando que en algún punto del camino volverás a encontrar otra pradera donde descansar.
Pasan los días, los meses y el camino aun se hace más duro, más estrecho; llueve, hace frío, te paras un momento mirás hacia atrás pero por desgracia vés que aquella pradera verde y frondosa queda ya muy lejos, ni siquiera se divisan los colores a tan larga distancia.
Un poco más adelante encuentras una bifurcación, vaya dilema... ¿Qué camino he de tomar? No lo sé, así que descanso unos días en una cabaña que veo en un pequeño claro. No se está mal, se está calido, seco y algo reconfortante.
Pero una mañana te levantas, sales al porche de la cabaña y piensas que no puedes estar allí toda la vida,que tienes que afrontar tus problemas y tomar una decisión definitiva, que sea cual sea tendrás que afrontar lo que lleva consigo tal decisión. Me pongo en marcha de nuevo y a pie de la bifurcación, miro hacia ambos lados.
A la derecha el camino es oscuro, algo tenebroso, se va adentrando en un bosque lleno de arboles medio muertos, no hay vida, no hay esperanzas.No, no es el mejor de los destinos, aun siendo un tipo de camino que ya conozco.
El camino de la izquierda es muy distinto, están empezando a crecer las flores, se ve como las margaritas y las amapolas luchan por vivir, luchan por alzarse. Hay pequeños arbolitos con pajaros regordetes cantando posados en sus ramas, hay un riachuelo de agua cristalina y por la pequeña pradera se ven correr a los animalillos, unos conejillos, algún que otro pato e incluso si fijo bien la vista puedo divisar un burrito.
No hay nada más que pensar, voy hacía la izquierda, donde hay vida donde hay ilusión y donde hay ganas de seguir creciendo; no se donde me llevará ese camino, pero estoy segura que si en ese lugar tan bonito hay tanto amor y tanta armonía, es más que imposible que el final pueda salir mal.
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